La muy zorrita culona, con su tanga enterrada en ese culazo, sabía que la cama hacía mucho ruido y nos lanzamos al suelo para evitar que sus hijos nos escucharan coger. ¡Qué morbo, broder! Los peques estaban de lo más tranqui viendo la tele mientras yo me culeaba a su madre en la habitación.
Esta mamá soltera, con un culo que rompía esquemas, me abrió las puertas de su hogar para que la empinara a mi antojo. La muy caliente se colocó en cuatro patas, con la tanga puesta, y me dejó aceitar esas nalgas monumentales que brillaban con un brillo que solo el sudor y el aceite saben dar. Le bajé la tanga y me perdí en el sabor de ese culo, chupando y lamiendo cual si fuera el más exquisito manjar.
La mamacita no aguantaba más y yo tampoco, así que le metí la verga en esa misma posición, ella con ese culazo en pompa, empinadita en el suelo. ¡Qué gozada, papá! Mis embestidas resonaban en toda la habitación, mientras ella gemía y gozaba como toda una diosa del sexo. Una tarde inolvidable con esta mamacita soltera que me regaló su trasero monumentalmente delicioso y que me dejó con ganas de más. ¡Esto sí que es vida, carajo!
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