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Culeando a la tamalera que siempre pasa por mi casa a vender

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La sin vergüenza de la tamalera que siempre viene a parar a mi puerta con su culo de infarto, se convirtió en la protagonista de mi propia película porno. Resulta que la muy zorra cayó en mi trampa y terminó empinada en mi cama, ofreciéndome su trasero en bandeja de plata. Yo la invité a pasar a mi guarida, haciéndome el inocente, y ella, más feliz que perro con dos colas, aceptó sin chistar. Le dije que iba a buscar el dinero para pagar los tamales, pero la verdad era que quería devorarla a ella en lugar de los manjares que ofrecía.

La muy perra notó mis intenciones y en lugar de salir corriendo, se puso en modo seducción total. Me miraba con cara de zorra y yo no pude resistirme a su encanto. La llevé a mi cuarto, la despojé de sus prendas y me sumergí en sus partes íntimas como un cerdo en el lodo. Le di una buena dosis de lengua en su entrepierna y en su trasero, provocándola hasta que no pudo más. La muy puta quería guerra, así que le di guerra.

La puse en cuatro, con ese culazo apuntando al cielo, y la penetré con toda la fuerza de mis caderas. Sus gemidos eran como música para mis oídos, y ver ese trasero tremendo agitándose bajo mis embestidas era un espectáculo digno del mismísimo diablo. La tamalera resultó ser más fogosa de lo que jamás imaginé, y juntos nos sumergimos en un mar de lujuria y deseo desenfrenado. ¡Qué delicia de mujer madura y qué culazo tenía la condenada!

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