La perrita tatuada estaba más buena que el pan recién horneado, la muy zorra vino a casa con un vestidito rojo y unos converse blancos, lista para tener sexo y que le dieran una buena dosis de placer. Después de echarnos un churro que nos dejó bien cachondos, la muy golosa me enseñó esas tetotas jugosas que me tenían la verga como un poste. No pude resistirme y la llevé a la cama, donde empecé a disfrutar de su cuerpo carnoso y apetitoso.
La puse en cuatro como una vaquita y le levanté el vestido para ver ese culazo que parecía pedir a gritos que le dieran candela. Luego, la muy puta se abrió de piernas y empezó a masturbarse con un vibrador, pidiendo a gritos que la penetrara en ese momento. Claro, yo no me hice del rogar y le clavé la verga en su panocha húmeda y caliente, haciéndola gemir como una gata en celo.
Sus gemidos de placer me incentivaban a seguir dándole sin piedad, hasta que finalmente le saqué la verga y le dejé un regalito de leche encima de su vagina, la muy zorra quedó con la cara de satisfacción y su chochito empapado de esperma blanca. Esta gordita cachonda sabía cómo disfrutar del buen sexo, ¡una verdadera delicia para los sentidos!
Etiquetas
chichonasCogidasCogiendomasturbandosemexicanas caseros xxxmilf mexicanaNalgonasorgasmosseñoras XXXvestido

























